– Algo que hacer

Escribir

Empiezo con una confesión: me gusta escribir. Aunque mi background está en el ámbito de la tecnología, siempre he sentido admiración por las letras. Por su forma, su ordenación y su capacidad de transmitir todo tipo de emociones. Respecto a lo primero -apasionante el mundo de la tipografía-, ya hablaré otro día. Hoy toca lo segundo.

Siento total admiración por las personas que sin ser escritores, o tener una formación en este área, son capaces de construir textos e historias que te enganchan, que consiguen unir las palabras con una facilidad increíble y que cuando leo sus párrafos siento que estoy disfrutando de un contenido que consigue atraparme por completo.

Desde el lado opuesto, he tenido en mis manos libros que han llamado mi atención lo suficiente como para comprarlos, y que no he podido pasar de las primeras 10 páginas, por que sus autores -a pesar de abordar temas que me interesan- no eran capaces de transmitir de forma fácil sus ideas. Utilizaban un texto rebuscado, frases mal redactadas, inconexas… y que me llevaba a preguntarme dónde estaba ese día el editor y/o corrector para dar por válido ese texto.

Cuando hablo de “personas normales”, que saben escribir y que nos ofrecen textos que son una delicia leer, en la mayoría de los casos son periodistas, publicitarios… es decir perfiles a los que se les (pre)supone ciertas dotes de comunicación, y de cómo crear una historia con capacidad de engancharnos.

Por eso, se convierten en mis referencias. Me llama la atención como ahora se habla de “educación financiera”, “educación emprendedora”, donde se pone de manifiesto que más allá de los conocimientos básicos/fundamentales que podemos saber, hay otra capa que está relacionada con llevar esos conocimientos a la práctica del día a día, al mundo real. Por lo tanto creo que también debería de hablarse de una “educación de redacción”.

En el colegio, a todos, nos han enseñado a leer y escribir; pero bien es cierto que escribir no quiere decir “saber escribir”. Pienso que la cualidad de poder redactar y escribir un texto, historia o incluso un email que se entienda, que deje un agradable recuerdo es algo poco valorado en el mundo de los 140 caracteres o hashtags que vivimos.

No nos engañemos, por mucho vídeo, mucho transmedia y algunas bonitas fotos con filtros vintage, la comunicación escrita sigue y seguirá siempre ahí. Ahora que casi todo el mundo quiere aspirar a ser el “community manager” de las marcas, se olvidan de lo más importante: de cómo escribir, de utilizar recursos narrativos que enganchen, de leer frases y eslóganes que no se olviden, dando por hecho también, el cuidado ortográfico tantas veces olvidado en estas plataformas.

Sirva esta primera reflexión para retomar este blog —unas semanas aparcado, que no olvidado—, para concienciarme que alcanzar una escritura de calidad requiere de un hábito constante y de unas costumbres como la de la lectura de todo tipo de textos.
Deseo que este blog se convierta en un espacio de [reflexiones + pensamientos] sobre temas interesantes y que interesen. No tengo más ambición que la de disfrutar -y que los que las leáis, también- dejando aquí algunas ideas con más o menos sentido.

Quiero terminar con una referencia; con el libro Memecracia, de Delia Rodríguez. Realmente fascinante desde la primera página.

Remarco lo de disfrutar por que pretendo que este ejercicio sea algo divertido y espontáneo.
Como decía al comienzo “me gusta escribir”, y añado: espero que os apetezca leerlo.

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